Estimados hermanos y hermanas en Cristo,

¡Estoy feliz de anunciar con el Departamento del Ministerio de Formación de fe familiar que nos estamos moviendo a un proceso de formación de fe familiar!

Las familias son el núcleo de la sociedad e integral de la Santa Iglesia Católica. La familia es la iglesia doméstica, lo que significa que las familias cooperan con la Iglesia Católica para compartir el Amor de Dios con su prójimo y sus hijos. Es mi deseo de construir y fortalecer la vida espiritual de su familia ayudándole a criar a sus hijos en nuestra rica fe. Decidí, con el consejo de la oficina de formación de Fe en la Reina de la Paz, hacer la transición a un proceso de formación de Fe de Familia Hogar para que ayudemos a su familia a conocer, amar y servir a Dios. En este proceso, sus hijos serán catequizados por ustedes, los padres, y ayudarán a enseñar a sus hijos los cuatro pilares de la fe católica. Estos pilares de nuestra fe son «la profesión de la fe, los sacramentos, la vida en Cristo y la oración cristiana». Estos cuatro pilares enriquecerán el viaje espiritual de fe de su familia y estoy muy emocionado de iniciar este hermoso proceso para nuestra parroquia y su familia.  

Este proceso es un mínimo de tres años si su hijo(s) necesita sacramentos, con la opción de continuar con al cuarto año. Cada mes habrá dos reuniones en persona a las que los padres y los estudiantes deben asistir, también cada semana un catequista se pondrá en contacto con usted para ayudarle con cualquier pregunta o preocupación con respecto a la lección de la semana. Creo que este proceso vigorizara su amor por Jesús y ayudará a sus hijos a ser discípulos devotos de Cristo. Si tiene alguna pregunta con respecto a nuestro nuevo proceso, por favor contacte a Pam Myskowski o a Daniel Rivera en la oficina parroquial.

Sinceramente en Cristo,

Padre Thomas Bennett

“Además, las parejas casadas y los padres cristianos deben seguir su propio camino (hacia la santidad) por amor fiel. Deben sostenerse unos a otros en gracia durante toda la duración de sus vidas. Deben impregnar a su descendencia, cariñosamente acogida como don de Dios, con la doctrina cristiana y las virtudes evangélicas. De esta manera, dan a todos los hombres el ejemplo de amor incansable y generoso; de esta manera construyen la hermandad de la caridad; al hacerlo, se presentan como testigos y cooperadores en la fecundidad de la Santa Madre Iglesia; Con estas vidas, son un signo y una participación en ese mismo amor, con el que Cristo amó a su esposa y por el que se entregó por ella».

– San Juan Pablo el Grande